- Tengo que decirte una cosa -añade; yo le paso los dedos por los tendones de la mano y lo miro-. Puede que esté enamorados de ti -dices, y sonríe un poco-. Pero estoy esperando a estar seguro.
- Qué sensato por tu parte -respondo, sonriendo-. Deberíamos buscar un papel para que hicieras una lista, una gráfica o algo.
Noto su risa como el costado, su nariz deslizándose por mi mandíbula, sus labios detrás de mi oreja.
- Puede que ya esté seguro, pero no quiera asustarte -concluye.
- Entonces deberías conocerme mejor -respondo, riéndome.
En un reino encantado, donde los hombres
nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles se vuelven concretas...
Había una vez... un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores
existentes, y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse
haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia. Las dos se quitaron sus vestimentas
y desnudas las dos entraron al estanque.
La furia, apurada, como siempre está la furia, urgida -sin saber por qué- se baño
rápidamente y mas rápidamente aún, salió del agua... Pero la furia es ciega, o por lo
menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir,
la primera ropa que encontró...
Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...
Y así, vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el
lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro, o mejor dicho, sin
conciencia del paso del tiempo, como es su costumbre, con pereza y lentamente, salió del estanque. En la
orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así
que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.
Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la
furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien,
encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la
furia, en realidad... está escondida la tristeza.
jueves, 23 de agosto de 2012
- ¿No lo entiende? Hemos fracasado.
+ Fracasado... Siempre hay gente dispuesta a llamarte fracasado, frustrado, estúpido, borracho inútil; pero nunca te lo digas a ti mismo. Envías una señal equivocada, y eso es lo que la gente capta, ¿lo entiendes? Si deberas te importa algo lucha por ello, si das con un muro atraviésalo.
Hay algo que necesitas saber sobre el fracaso... que no debes dejar que te venza.
"Si te pregunto por el amor me citarás un soneto, pero nunca has mirado a una mujer y te has sentido vulnerable, ni te has visto reflejado en sus ojos. No has pensado que Dios ha puesto un ángel en la Tierra para ti, para que te rescate de los pozos del infierno, ni qué se siente al ser su ángel, al darle tu amor, darlo para siempre.
Y pasar por todo, por el cáncer. No sabes lo que es dormir en un hospital durante dos meses cogiendo su mano porque los médicos vieron en tus ojos que el término "Horario de visitas" no iba contigo.
No sabes lo que significa perder a alguien porque sólo lo sabrás cuando ames a alguien más que a ti mismo.
Mi ángel, mi todo, mi yo… ¿Por qué esa profunda
pesadumbre cuando es la necesidad quien habla? ¿Puede consistir nuestro
amor en otra cosa que en sacrificios, en exigencia de todo y nada?
¿Puedes cambiar el hecho de que tú no seas eternamente mía y yo
eternamente tuyo? ¡Ay Dios! Contempla la hermosa naturaleza y
tranquiliza tu ánimo en presencia de lo inevitable. El amor exige todo y
con pleno derecho: a mí para contigo y a ti para conmigo. Sólo que
olvidas tan fácilmente que yo tengo que vivir para mí y para ti. Si
estuviéramos unidos ni tú ni yo hubiéramos sentido lo doloroso. Mi viaje
fue horrible…
Alégrate, sé mi más fiel y único tesoro, mi todo, como yo para ti. Lo
demás que tenga que ocurrir y deba ocurrir con nosotros, los dioses
habrán de enviarlo… ¡Oh, Dios mío! ¿Por qué habrá que estar separados, cuando se ama así?
Mi vida, lo mismo aquí que en Viena, está llena de cuitas. Tu amor me
ha hecho al mismo tiempo el ser más feliz y el más desgraciado. A mis
años necesitaría ya alguna uniformidad, alguna normalidad en mi vida.
¿Puede haberla con nuestras relaciones…? Ángel, acabo de saber que el
correo sale todos los días. Y eso me hace pensar que recibirás la carta
enseguida.
Estáte tranquila. Tan sólo contemplando con tranquilidad nuestra vida
alcanzaremos nuestra meta de vivir juntos. Estáte tranquila, quiéreme.
Hoy y ayer ¡cuánto anhelo y cuantas lágrimas pensando en ti… en ti, mi
vida… mi todo! Adios… ¡quiéreme siempre!. No desconfíes jamás del fiel
corazón de tu enamorado Ludwig.